Dragones de cuera: término histórico mal empleado
Los soldados de cuera eran unidades de caballería de presidio especializadas en la defensa de la frontera norte de la Nueva España (siglos XVI-XVIII). Se distinguían por el uso de una armadura de cuero multicapa y tácticas de guerra irregular adaptadas al terreno árido y al combate contra grupos nómadas."
La frontera norte de la Nueva España fue, entre los siglos XVI y XVIII, un territorio inestable y difícil de controlar. Proteger caminos, minas y asentamientos aislados exigió la creación de un sistema militar adaptado a condiciones extremas de clima, distancia y guerra irregular. En este contexto surgió una figura militar característica del sistema de presidios: el soldado de cuera, base de la defensa fronteriza novohispana durante más de dos siglos.
Su aparición no respondió a un plan militar previo ni a un modelo importado desde Europa, sino a la necesidad inmediata de sostener la presencia del Imperio español en regiones alejadas, mal comunicadas y en permanente conflicto.
El soldado de cuera no surgió originalmente como una figura militar profesional ni como parte de los ejércitos regulares de línea. Fue, desde sus orígenes, un combatiente improvisado, con formación desigual y experiencia adquirida principalmente en la práctica cotidiana de la guerra fronteriza.
Su forma de combatir se apartaba del modelo europeo y se adaptó a las condiciones reales de la frontera, recurriendo a la movilidad, la guerra de desgaste y tácticas que, en muchos aspectos, se aproximaban a las empleadas por los grupos indígenas.
En la historiografía moderna es frecuente la confusión entre estos soldados de presidio y los dragones del ejército regular, dando lugar al uso incorrecto del término “dragones de cuera”.
🔖 El norte de la Nueva España comprendía un extenso territorio que abarcaba lo que hoy es el norte de México y el sur de los Estados Unidos. Desde el punto de vista geográfico y cultural, gran parte de esta región corresponde a Aridoamérica, un espacio caracterizado por climas secos o semiáridos, donde predominan marcadas temporadas frías y calurosas, así como una baja densidad de población indígena sedentaria y formas de vida adaptadas a condiciones ambientales extremas.
Durante la Guerra Chichimeca (1550–1590), la Corona española se vio obligada a organizar grupos armados para proteger los caminos que conectaban las primeras minas del norte con el altiplano central de la Nueva España. Estos trayectos eran atacados de forma constante por grupos chichimecas, muchos de los cuales ya utilizaban caballos robados, poniendo en riesgo el traslado de plata, correos oficiales y suministros.
Philip Wayne Powell, en Soldiers, Indians, & Silver, explica que la violencia persistente contra viajeros y convoyes forzó la creación de presidios y puestos defensivos temporales en puntos estratégicos. Junto a ellos surgieron cuadrillas armadas encargadas de escoltar cargamentos y patrullar los tramos más peligrosos de la frontera.
Estos soldados no constituían aún un ejército profesional plenamente organizado. El servicio en la frontera era poco atractivo: los salarios eran bajos, el equipo escaso y el peligro constante. Powell señala que estas condiciones dificultaban el reclutamiento y obligaban a recurrir a soluciones improvisadas.
🔖 Para Philip Wayne Powell, la región chichimeca no fue un territorio fijo, sino la franja conflictiva del centro-norte de la Nueva España generada por la avanzada del Imperio español hacia el norte. Entre 1550 y 1600, grupos nómadas atacaron el Camino Real de Tierra Adentro y las áreas mineras de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí, convirtiendo esta región en el principal escenario de la Guerra Chichimeca.
Durante el siglo XVI las guarniciones estuvieron integradas por una tropa diversa: una minoría de veteranos españoles, auxiliares indígenas, como otomíes y tlaxcaltecas, así como mestizos, mulatos y negros libres. Su función principal consistía en la defensa de los presidios, la escolta de convoyes de carga, la reacción ante emboscadas y la garantía de la seguridad de las rutas mineras.
Durante las primeras décadas de la Guerra Chichimeca, los soldados españoles veteranos asumieron gran parte del peso defensivo. Aunque no constituían la mayoría numérica, destacaban en las crónicas por su experiencia militar. Sin embargo, la extensión del territorio, la irregularidad del conflicto y la constante escasez de recursos y de hombres europeos hicieron evidente que su número resultaba insuficiente.
Con el tiempo, los hombres nacidos y criados en la Nueva España, principalmente mestizos y mulatos, se volvieron indispensables para el sostenimiento de la frontera norte. Estos grupos conformaron el contingente más constante y numeroso de las guarniciones de los presidios, habituados al clima árido, a las largas jornadas de patrullaje y a una forma de guerra basada en la emboscada y el hostigamiento.
Esta diversidad de orígenes dio lugar a interpretaciones historiográficas contrastantes sobre la capacidad militar de estas tropas. Aunque algunos autores, como Julián Robles Ibarra, señalan la menor preparación bélica de estos grupos en comparación con las tropas regulares de línea, es necesario precisar que los soldados de presidio no constituían tropas de línea en sentido estricto, pero sí formaban parte del aparato militar de la Monarquía como tropas de frontera de carácter permanente, al servicio del Rey, sostenidas por la Real Hacienda y sujetas a la jurisdicción militar. En este sentido, como apunta Max L. Moorhead, estos soldados no carecían de capacidad militar, sino que poseían una experiencia práctica especializada, adaptada a la guerra de frontera, caracterizada por el patrullaje constante, la escolta de convoyes y el combate irregular, lo que los hacía especialmente eficaces en el contexto del norte novohispano.
Por ello, la actuación conjunta a finales del siglo XVIII de tropas de línea y tropas de presidio respondió a la necesidad de articular la formación militar formal con el conocimiento operativo del espacio fronterizo.
🔖 En los primeros presidios de la frontera, durante la Guerra Chichimeca coexistieron combatientes de orígenes muy distintos. El soldado español veterano solía ser quien contaba con mejor equipo: aunque escasas, algunas armaduras metálicas seguían en uso, como cotas de malla reutilizadas y morriones, privilegio ligado a su estatus y experiencia.
El mestizo, común en la defensa fronteriza, utilizaba con frecuencia el equipo disponible, recurriendo a protecciones prácticas como el ichcahuipilli o escaupíl de tradición mesoamericana, eficaz contra flechas, además de armas sencillas o de uso cotidiano.
Los auxiliares indígenas, generalmente a pie, combatían con su vestimenta de guerra tradicional, que podía incluir escaupiles, escudos de madera y armas como el macuahuitl, adaptadas a la guerra de emboscadas propia del conflicto.
La experiencia acumulada en la frontera transformó la manera de combatir y de equiparse. En la práctica cotidiana, estos soldados comprendieron que el éxito dependía menos de la disciplina formal y más de la capacidad de adaptación al terreno y a las condiciones reales del conflicto.
El entorno imponía exigencias constantes: vegetación espinosa, temperaturas extremas y ataques indígenas rápidos y dispersos. Frente a estas condiciones, el cuero comenzó a desempeñar un papel fundamental como material de protección. No se trató de una imposición oficial, sino de una solución práctica surgida de la experiencia directa.
El desarrollo y las características de este equipamiento defensivo se analizan con mayor detalle en el apartado Armamento y vestimenta del soldado de cuera.
Esta adaptación local, desarrollada dentro del sistema de presidios del norte, sentó las bases de una evolución gradual que, durante los siglos XVII y XVIII, daría forma al soldado de cuera como una figura militar característica de la frontera novohispana.
🔖 Recreación de un presidio del siglo XVI
Según Philip Wayne Powell, durante la Guerra Chichimeca los presidios del norte de la Nueva España no fueron grandes fortalezas militares, sino puestos defensivos improvisados y mal abastecidos. Estas posiciones eran defendidas por pequeñas guarniciones, a veces acompañadas por sus familias, cuya función principal era vigilar los caminos, dar aviso de ataques y mantener presencia en una frontera todavía poco organizada.
Este carácter precario de los presidios se mantuvo, en términos generales, hasta antes de las reformas borbónicas del siglo XVIII.
Para el siglo XVIII, los soldados de cuera se habían convertido en el núcleo del sistema defensivo de la frontera norte de la Nueva España. Su función ya no era meramente reactiva, sino parte de una organización militar más estable, aunque siempre condicionada por la escasez de recursos y la distancia con los centros de poder.
Según Moorhead, sus tareas incluían:
Patrullajes diarios de rutas y caminos reales.
Escolta de caravanas y despachos oficiales.
Protección de rutas de comunicación y transporte de carga.
Vigilancia de hatos y caballadas.
Participación en expediciones defensivas coordinadas con otras guarniciones.
Las guarniciones realizaban patrullas regulares y coordinaban acciones entre distintos presidios, lo que permitía mantener un control relativo sobre territorios extensos y poco poblados.
Según Alonso Domínguez Rascón, uno de los rasgos más característicos del soldado de cuera fue la elevada cantidad de caballos asignados a cada individuo. Durante gran parte del siglo XVIII, dentro del sistema presidial de la frontera norte de la Nueva España, cada soldado de cuera podía disponer de hasta seis caballos y una mula, no como privilegio, sino como una necesidad operativa.
El soldado de cuera cumplía una función esencialmente defensiva, basada en la vigilancia de caminos, la protección de asentamientos y la escolta de convoyes en territorios extensos, áridos y poco poblados. Las largas distancias, el peso del equipo y el rápido desgaste de los animales hacían indispensable contar con caballos de relevo. Por ello, la caballada constituyó un recurso logístico fundamental del sistema defensivo de los presidios.
Como señala Luis Navarro García, antes de 1730 la dotación pudo ser aún mayor, llegando en algunos casos hasta diez caballos por soldado, una situación sin equivalente en los ejércitos europeos y que, aunque necesaria, implicaba importantes problemas de custodia, abastecimiento y vulnerabilidad de las caballadas.
La inspección del marqués de Rubí confirmó la importancia estratégica de los soldados de cuera dentro del sistema defensivo. Su movilidad, su conocimiento del terreno y su capacidad para operar en regiones aisladas eran esenciales para sostener la presencia española en la frontera.
El Reglamento de 1772 formalizó este sistema, estableciendo normas precisas sobre patrullas, escoltas y procedimientos administrativos. A partir de entonces, el soldado de cuera quedó definido no solo por su equipamiento, sino por su función dentro de un esquema defensivo organizado.
Para la segunda mitad del siglo XVIII, estas compañías constituían la base de la defensa y del control territorial en la frontera norte de la Nueva España.
🔖 Recreación del soldado de cuera según la ilustración de Ramón de Murillo (AGI).
Se aprecian el escudo de cuero, la lanza y las llamadas ‘botas’, que, como explica Murillo, no eran tales, sino dos pieles de venado curtidas, color avellana, liadas a las piernas y sujetas con ligas bajo la rodilla. Murillo también señala que estos soldados sí usaban espuelas, pero eran de tan enorme tamaño que estropeaban a los caballos y no les permitían andar a pie.
La única ilustración histórica conocida de estas tropas.
Ilustración de un soldado de Cuera (c. 1790-1800). Ramón de Murillo (AGI). Imagen en dominio público. Fuente digital: Wikimedia Commons."
Navarro García, L. (s.f.). Don Manuel de Godoy y los tercios de Texas. Universidad de Sevilla.
Los presidios no fueron únicamente espacios militares. Moorhead describe cómo, alrededor de estas guarniciones, surgieron asentamientos civiles estables. La presencia de soldados de cuera ofrecía un grado de seguridad que atraía a pobladores, misioneros, comerciantes y artesanos.
Muchos soldados vivían con sus familias, cultivaban parcelas y participaban activamente en la economía local. Los presidios funcionaban también como centros de organización para escoltas, patrullas conjuntas y expediciones defensivas coordinadas con vecinos y misioneros.
En regiones como Texas, Sonora y Nuevo México, estas compañías facilitaron el establecimiento de poblaciones permanentes, algunas de las cuales sobrevivieron incluso después de que el presidio original fuera trasladado o suprimido.
🔖 Recreación de un presidio en Sonora, México, siglo XVIII, al norte del país.
Esta escena muestra la vida cotidiana en un presidio fronterizo, donde un soldado de cuera protege el área mientras los pobladores realizan labores de agricultura. Los presidios novohispanos combinaban funciones militares y civiles, y fueron esenciales para el desarrollo de asentamientos en el norte de la Nueva España.
A partir de la década de 1770, las reformas borbónicas transformaron la organización militar de la frontera. El informe del marqués de Rubí y el Reglamento de 1772 impulsaron la reubicación, reducción o fusión de presidios con el objetivo de acortar y racionalizar la línea defensiva.
Hacia finales de la década de 1770 se incorporaron tropas ligeras y otras unidades complementarias, lo que modificó gradualmente el papel tradicional de los soldados de cuera sin sustituirlos de inmediato. Moorhead señala que muchas guarniciones continuaron enfrentando problemas de abastecimiento y limitaciones de efectivos, lo que afectaba su operatividad.
Aunque los soldados de cuera permanecieron activos, sus funciones se adaptaron a las nuevas disposiciones militares. Para inicios del siglo XIX, el sistema de presidios heredado de los siglos anteriores se encontraba profundamente transformado y daba paso a nuevas formas de defensa fronteriza.
1. ¿Quiénes fueron los soldados de cuera en la frontera norte?
Fueron tropas de presidio encargadas de la defensa permanente de la frontera norte de la Nueva España entre los siglos XVI y XVIII. Eran fuerzas de caballería especializadas en la guerra irregular, el patrullaje de caminos y la escolta de convoyes, adaptadas a un entorno hostil y poco poblado que el ejército regular no lograba controlar.
2. ¿Por qué surgieron originalmente estos soldados?
Surgieron como una respuesta práctica durante la Guerra Chichimeca (1550–1590). Ante los constantes ataques a las minas de plata y al Camino Real de Tierra Adentro, la Corona española necesitó crear una fuerza permanente que pudiera operar con pocos recursos y en condiciones climáticas extremas.
3. ¿Existieron realmente los “dragones de cuera”?
No. El término “dragones de cuera” es una denominación moderna y errónea. Históricamente, los soldados de cuera eran tropas de presidio de frontera, mientras que los dragones eran soldados del ejército regular entrenados para combatir tanto a pie como a caballo. No deben confundirse ni mezclarse sus nombres.
4. ¿Quiénes integraban las guarniciones de los presidios?
Eran tropas étnicamente diversas compuestas por una minoría de españoles y una mayoría de mestizos, mulatos y negros libres nacidos en la Nueva España. Además, contaban con el apoyo crucial de indios auxiliares (como otomíes y tlaxcaltecas) que aportaban su experiencia en rastreo y combate.
5. ¿Qué era la cuera y de qué materiales estaba hecha?
La cuera era una armadura ligera sin mangas compuesta por hasta siete capas de piel de gamuza o ante. En regiones como Texas y Coahuila, también se fabricaron versiones de algodón entretelado. Su función principal era detener las flechas y golpes en los enfrentamientos con grupos indígenas nómadas.
6. ¿Qué armamento utilizaba un soldado de cuera?
Su equipo reglamentario incluía una lanza, una espada ancha, un escudo de cuero (adarga), una escopeta y dos pistolas de chispa. Aunque portaban armas de fuego, la lanza y el escudo seguían siendo las herramientas más efectivas para el tipo de combate cercano que se daba en la frontera.
7. ¿Por qué utilizaban tantos caballos por soldado?
Debido a las enormes distancias y la dureza del terreno, cada soldado disponía de una remuda de hasta seis caballos y una mula. Esto no era un privilegio, sino una necesidad operativa para mantener el patrullaje constante y poder realizar persecuciones largas sin agotar a los animales.
8. ¿Tenían los soldados de cuera un uniforme oficial?
Durante gran parte de su historia no hubo un uniforme estandarizado. Aunque el Reglamento de 1772 intentó oficializar el uso de casaca azul con vivos rojos y sombrero, en la práctica la vestimenta variaba mucho según la región y la disponibilidad de suministros en cada presidio.
9. ¿Por qué su equipo llegó a considerarse obsoleto?
Durante las Reformas Borbónicas a finales del siglo XVIII, oficiales como Ramón de Murillo criticaron el uso de la cuera y la adarga por ser demasiado pesadas (casi 10 kg). Consideraban que este equipo restaba agilidad frente a la movilidad extrema de grupos como los apaches y comanches.
10. ¿Vivían los soldados de cuera aislados en los presidios?
No. Muchos vivían con sus familias y alrededor de los presidios se formaron asentamientos civiles estables. Estos puestos militares fueron la base para la fundación de comunidades permanentes en lo que hoy es Texas, Sonora, Arizona y Nuevo México.
Notas
¹ Nueva España: denominación histórica del virreinato americano de la Monarquía Hispánica entre los siglos XVI y comienzos del XIX. Su territorio abarcó amplias regiones de lo que hoy es México, América Central y el suroeste de los actuales Estados Unidos.
² Aridoamérica: concepto histórico-cultural utilizado para referirse a la vasta región del norte de México y sur de los Estados Unidos caracterizada por climas áridos o semiáridos, baja densidad de población sedentaria y formas de vida adaptadas a condiciones ambientales extremas.
³ Guerra Chichimeca (1550–1590): conflicto prolongado entre la Monarquía Hispánica y diversos grupos indígenas nómadas del centro-norte de la Nueva España, originado por la expansión minera y el control del Camino Real de Tierra Adentro.
⁴ Presidio: establecimiento militar fronterizo destinado a la defensa de rutas, minas y asentamientos. En la frontera norte de la Nueva España, los presidios funcionaron como núcleos defensivos y, con frecuencia, como centros de poblamiento civil.
⁵ Soldado de cuera: denominación histórica documentada en fuentes de los siglos XVII y XVIII para referirse a los soldados de presidio de la frontera norte de la Nueva España, caracterizados por el uso de una protección de cuero grueso adaptada a la guerra fronteriza.
⁶ Tropas de línea: denominación utilizada en la organización militar de la Monarquía Hispánica para referirse a los regimientos regulares de infantería, caballería y dragones, sujetos a una instrucción formal, disciplina reglada y empleo táctico inspirado en la guerra europea. A diferencia de las tropas de presidio, las tropas de línea no estaban diseñadas para el servicio permanente en la frontera, aunque en determinadas campañas podían ser destacadas temporalmente a regiones fronterizas.
⁷ Philip Wayne Powell (1913–1990): historiador estadounidense especializado en la frontera norte de la Nueva España. Su obra Soldiers, Indians, & Silver es fundamental para el estudio de la Guerra Chichimeca y la formación temprana del sistema presidial.
⁸ Max L. Moorhead (1913–1982): historiador especializado en el sistema defensivo del norte novohispano. Destacó la eficacia práctica de los soldados de presidio y su papel central en el control territorial durante los siglos XVII y XVIII.
Philip Wayne Powell, Soldados, indígenas y plata: la expansión de la Nueva España hacia el norte (1550–1600).
Max L. Moorhead, El presidio: bastión de las fronteras españolas.
Luis Navarro García, Don Manuel de Godoy y los Tercios de Texas. Universidad de Sevilla.
Alonso Domínguez Rascón, El gobierno de Teodoro de Croix en las Provincias Internas: las reformas militares (1776–1783).
Luis Navarro García, Don José de Gálvez y la Comandancia General de las Provincias Internas del Norte de Nueva España. Sevilla, 1964.