Consecuencias de la campaña de Anza (1779–1786)
En los años siguientes, la frontera norte entraría en una etapa de mayor estabilidad. Pero esa estabilidad no fue inmediata.
Tras la campaña de 1779, los comanches no desaparecieron ni se logró una paz instantánea: su agresividad disminuyó, pero durante varios años continuaron los contactos, tensiones y episodios de violencia, al mismo tiempo que comenzaban los primeros acercamientos.
La paz definitiva llegaría hasta 1786, como resultado de ese proceso. Pero esa paz no significó integración. Los comanches no se incorporaron al sistema de misiones.
La relación fue distinta. Se basó en comercio regulado, entrega de bienes, como raciones, armas o tabaco, y una diplomacia constante que les daba un incentivo claro para no atacar. Funcionó… mientras pudo sostenerse